En un cortijo hinojoseño, sobre los años 40 o 50, vivían en una finca los abuelos, los padres, los hijos y los nietos y la burra del abuelo habia tenido un pollino. El abuelo que se dio cuenta que los nietos jugaban con el pollino les dijo: Como yo vea que os subís alguno en el pollino, os sacudo y eso lo noto yo por los pelos en los pantalones.
Por la noche estaba el nieto chico andando a gatas alrededor de la candela y al pasar a la altura de la abuela que estaba allí espatarrá, se quedó mirando y le dice: Abuela, como se entere el abuelo de que te subes en el pollino, te vas a enterar.
Por la noche estaba el nieto chico andando a gatas alrededor de la candela y al pasar a la altura de la abuela que estaba allí espatarrá, se quedó mirando y le dice: Abuela, como se entere el abuelo de que te subes en el pollino, te vas a enterar.