Me llamo Darío Calderón, y durante años fui el chico que nadie quería enfrentar en el colegio. No porque fuera fuerte… sino porque era cruel. Yo lo tenía todo: ropa de marca, reloj caro, chofer privado, viajes de fin de semana y una casa enorme que por dentro sonaba hueca. Mi padre era empresario, siempre en reuniones. Mi madre, dueña de varios centros de estética, vivía de fiesta en fiesta. Yo crecí creyendo que el mundo era mío… y que las personas eran objetos.
Mi diversión favorita era humillar... La flor que florece en la adversidad es la más rara y más bella de todas. En este mundo de exilio, siempre hay un rayo que ilumina la prisión. Nunca te calles lo que sientes para luego llorarlo sobre una sepultura. En vida ama y en vida demuéstralo.. Nunca convencerás a un ratón de que un gato negro trae buena suerte.