Los muertos no hablan
Llevo quince años siendo
médico forense. He visto de todo: crímenes pasionales, accidentes horribles, sobredosis solitarias.
Creí que mi corazón se había vuelto de
piedra.
Creí que ya nada podía asombrarme.
Hasta que llegaron Don José y Doña María.
***
Era una madrugada de enero, la más fría del año. La policía trajo dos cuerpos.
Los encontraron en una casita de madera en la periferia, donde el viento entra como cuchillo. No tenían calefacción. No tenían dinero.
—Hipotermia
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