
De contorno redondeado, la isla de Gomera se compone de una gran meseta central que desciende en una red de barrancos hacia el
mar. La abrupta orografía agudizó el ingenio guanche, llevándole a crear un lenguaje especial para comunicarse a distancia: el silbo.
En el interior se encuentra el
Parque Nacinal de Garajonay, zona boscosa compuesta por laurisilva, a la que presta cierto aire de misterio la bruma formada por la masa vegetal.
San Sebastián, capital y principal
puerto, rememora al descubridor en la
iglesia parroquial de la Asunción, donde oyera misa antes de embarcar, y en la
casa en que se alojó, recientemente restaurada.
Son lugares de mucho encanto y gran tipismo los
valles de plataneras y los frondosos barrancos.
Vallehermoso es comarca de frutales, donde también crecen las sabinas y las
palmeras.
Hermigua esconde su blanco
caserío entre plataneras.
Agulo, en el borde de un cortado, ofrece el silencio de sus
patios y de sus estrechas y blancas callejas.
El impresionante
acantilado rocoso de Los
Órganos, cae a pico sobre el océano.
Y los cultivos en
terrazas trepan por las laderas del espectacular
Valle Gran Rey.
Las actividades volcánicas, que se interrumpieron en la isla hace millones de años, y el fenómeno de la erosión, deparan al viajero auténticas sorpresas paisajísticas. Imponentes roques,
campos de lava,
acantilados rocosos y
playas de arena negra.