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ALDEA DEL REY: Tempestuosos tiempos los de la Reforma. En astronomía...

Tempestuosos tiempos los de la Reforma. En astronomía la Iglesia Católica admitía el sistema geocéntrico de Tolomeo (los planetas y el sol giran alrededor de la tierra) y despreciaba el nuevo sistema heliocéntrico (los planetas y la tierra giran alrededor del sol), paradojicamente difundido por un monje polaco llamado Copérnico; el sistema heliocéntrico tenía más visos de realidad, pero la tradición cuesta desterrarla.

Hacia 1582 un niño llamado Johannes Kepler fue enviado al seminario protestante de Maulbronn, donde se preparaba a los jóvenes para combatir ideológicamente el catolicismo. Pero Kepler, niño introvertido y aislado, quería ir más allá: quería encontrar la armonía de los mundos; leer, en definitiva, la mente de Dios. Y en este camino las matemáticas, especialmente la geometría, ejercieron en su alma especial fascinación. Dejó escrito: "La Geometría existía antes de la Creación. Es co-eterna con la mente de Dios... La Geometría ofreció a Dios un modelo para la Creación... La Geometría es Dios mismo".

Los cuerpos celestes respondían en sus órbitas a la belleza de la Geometría. Si el sistema geocéntrico no lo había demostrado del todo, el sistema heliocéntrico lo haría, tal era la fe de Kepler. Pero para ello necesitaría datos de observaciones que llevarían toda una vida acopiar. Y mientras reunía esos datos, no podría dar libre curso a sus ideas con la rapidez que quería.
Necesitaba esos datos, y había alguien en el mundo que ya los tenía: el exiliado astrónomo danés Tycho Brahe, que hoy da nombre a uno de los montes de la Luna.

Tycho Brahe el libertino, que en una refriega estudiantil perdiera su apendice nasal y ahora ostentaba una nariz hecha de oro. Tycho Brahe, que quiso encontrar un punto de diálogo entre el geocentrismo y el heliocentrismo, propugnando que la tierra seguía ocupando el centro del universo, el sol giraba alrededor de ella y el resto de los planetas giraban alrededor del sol en su movimiento alrededor de la tierra.

Tycho llamó a Kepler a su lado, y éste acudió con la esperanza de que le diera las piezas para montar su rompecabezas (sin piezas no hay rompecabezas). Tycho obligaba al ascético Kepler a acudir a sus juergas y bacanales, y entre borrachera y borrachera a lo mejor le soltaba, a modo de limosna científica, el dato del perigeo o apogeo de un planeta. Kepler sufrió de ansiedad lo que nadie sabe por causa del borrachín de la nariz de oro.

Las juergas llevaron a Tycho a la tumba, y a Kepler le fueron legados por fin las piezas del rompecabezas. Al final lo montó, en la forma de tres leyes, el diseño original de Dios para el movimiento de los cuerpos celestes.

La primera ley decía que los planetas describen una elipse en torno al sol, el cual se encontraba en uno de los focos de dicha elipse.

La segunda ley decía que si unimos con una recta el planeta y el sol, esa unión, en intervalos de tiempo iguales, cubrirá superficies iguales. En términos científicos, la velocidad areolar es constante.

La tercera ley decía que hay una relación entre el tiempo que tarda el planeta en girar en torno al sol y entre la distancia del sol a ese determinado planeta.

Ésta es la armonía de los mundos, el ensamblaje perfecto, las leyes que rigen vuelos interespaciales, la inspiración de Newton para formular su ley de la gravitación universal. Kepler logró al final su pretensión de niño: leer en la mente de Dios mediante la exactitud de las matemáticas.

Dios dijo: "Que haya lumbreras en la bóveda celeste para separar el día de la noche, y sirvan de señales para distinguir las estaciones, los días y los años; que luzcan en la bóveda del cielo para alumbrar la tierra" (Gn 1, 14). Y su diseño adquirió carácter matemático. Ya lo dijo Galileo: "Las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el universo".

Hace un tiempo, amigo de ultramar, afirmaste, en respuesta al código matemático de la Biblia, que las matemáticas son acomodaticias. Aquí surge una cuestión aparente a la del huevo y la gallina... ¿Qué fueron antes: las acomodaticias matemáticas o el hombre capaz de acomodarlas? Yo, personalmente, dudo que el hombre hubiera podido acomodar la armonía de los cuerpos celestes.

Para Reyes me han regalado la serie "Cosmos" de Carl Sagan. Recuerdo que siempre aguardaba con impaciencia el momento en que la emitían por televisión, allá por el verano de 1982. Me encantaba el contenido de la serie y su inconfundible suite musical ("Heaven and Hell", parte I, de Vangelis). Recuerdo que leí con especial agrado el libro inspirado en la serie; estoy por decir que es el mejor documento científico que jamás he leído. Me gusta el enfoque multidisciplinar que Carl Sagan, que en paz descanse, sabía darle a la divulgación científica, un enfoque netamente renacentista. Carl Sagan concebía la ciencia (y así la concibo yo) como un saber que se construye a partir de todos los demás, aun de aquéllos que tienen el marchamo del campo de las humanidades (filosofía, teología, literatura, arte, etcétera). La sabiduría es una sola. ¿Por qué nos empeñamos en marcarle fronteras? Anoche vi los tres primeros episodios de "Cosmos". Me encantó la recreación de la vida de Kepler.

¿Por qué pensamos que es mejor ser maestro que aprendiz?... ¡Que a mí siempre me llamen aprendiz!

El jardinero de las nubes