Ofertas de luz y gas

ALCONCHEL DE LA ESTRELLA: ......

"NOCHE DE PAZ, NOCHE DE LUZ".

Hace ya bastanes años, en una pobre aldea de los Alpes, nació la canción navideña más popular en todo el mundo...

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El día 24 de diciembre de 1818, el padre Joseph Mohr, párroco del antiquísimo pueblecito de Hallein, perdido en los Alpes austríacos, leía solo en su despacho, la Sagrada Biblia...

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Hasta su retiro llegaba el eco de las voces y cantos de los niños del lugar, quienes, portando antorchas, bajaban en grupos por los senderos de la montaña. Las llamas oscilantes de las antorchas daban al valle el aspecto de un inmenso árbol de Navidad...

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Pero el joven sacerdote no podía gozar del pintoresco espectáculo. Sentado a su pobre mesa de encina, prparaba el sermón que iba a pronunciar en la Misa del Gallo. Leyó y releyó el inmortal relato en el que San Lucas cuenta cómo "estaban velando unos pastores y haciendo centinela sobre su grey" y cómo de improviso se les apareció un ángel que les dijo: "... hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador..."...

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De repente sonó un golpe en la puerta. Era una campesina, arrebujada en un manto de burda tela, que venía a informarle del nacimiento, hacía unas pocas horas, de una criatura en el hogar de un carbonero, que vivía en una humilde choza enclavada en la cima de una de las más altas montañas de su parroquia. Los padres suplicaban al sacerdote que subiese a la cabaña a bendecir al recién nacido...

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El padre Mohr acudió a la llamada. Su visita al hogar del carbonero le conmovió hondamente. La joven madre, acostada en un camastro, sonreía tiernamente al hijito, dormido en sus brazos. Y el cuadro, aunque no se parecía al que se ofreció en el establo en la ciudad de David, le trajo a la memoria las palabras del Ángel a los pastores...

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Cuando, de regreso a la parroquia, vió las laderas iluminadas por las antorchas de los montañeses que se encaminaban a la iglesia, en medio de un alegre repicar de campanas, sintió que las palabras del Ángel estaban dirigidas a él...

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Al padre Mohr se le antojó aquel episodio un verdadero milagro de Navidad. Sentado en su despacho, después de la Misa del Gallo, quiso traducir en palabras la emoción que le embargaba. Los vocablos le brotaban del alma espontáneamente. Al amanecer, el sacerdote tenía ante sus ojos enrojecidos por la vigilia una sencilla poesía...

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El mismo día de Navidad, Francisco Javier Grube, maestro de música de la escuela local, compuso una melodía apropiada para los versos.

Los niños del pueblo oyeron al párroco y al maestro ensayar la nueva composición a los acordes de la guitarra del maestro, pues el órgano de la iglesia estaba descompuesto...

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¡Qué lejos estaban entonces los dos cantores de sospechar que en aquel aniversario del nacimiento de Cristo tomaba forma y vida un gran himno cristiano, Noche de Paz, un villancico que popularizarían cuatro niños y que con el tiempo se cantaría en todo el mundo cristiano!...

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No había en todo el valle de Zillertal, en el Tirol austríaco, niños de tan hermosas voces como los cuatro hermanos Strasser: carolina, José, Andreas y la pequeña Amalia, tan pequeña que no sabía pronunciar correctamente la letra de las canciones...

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"Parecen ruiseñores cantando", decía la gente del pueblo al referirse a ellos.
Y como los ruiseñores, en efecto, todas las primaveras viajaban los cuatro hacia el Norte, a Leipzig, en Sajonia, donde se celebraba la gran feria anual, para exponer y vender los suaves guantes de gamuza, tan solicitados por lo excelente de su calidad y hechura, que sus padres fabricaban...

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Durante los días de la feria, Leipzig era una ciudad llena de animación. Los hermanos Strasser, entre aquel bullicio de gentes extrañas, sentían nostalgia de su tranquilo y verde valle. Para consolarse solían ponerse a cantar, y su canción predilecta era Noche de Paz, que se la había enseñado Karl mauracher, un constructor de órganos de Zillertal...

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Karl Mauracher aprendió la canción por casualidad. Una vez fue llamado de un pueblecito para arreglar el órgano. Acabado su trabajo, le dijo al organista del lugar que lo probase. Este, que resultó ser Francisco Javier Gruber, después de unas escalas y acordes preliminares, interpretó al teclado la canción del padre Mohr...

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-No he oído nunca esta composición- exclamó el fabricante de órganos lleno de admiración-. No le importaría que yo la repita por ahí, ¿verdad? Va a gustar mucho.
La canción agradó tanto a los vecinos de Mauracher que la llamaron "La canción del cielo". La melodía, al ser interpretada por los hermanos Strasser, ejerció el mismo hechizo entre los habitantes de la ajetreada ciudad. Los transeúntes se detenían a escucharla y se extasiaban ante la belleza de la melodía...

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Cierto día se acercó a los pequeños cantores un caballero ya entrado en años. Dijo llamarse Pohlenz y ser Director General de Música del Reino de Sajonia. A continuación les dió entradas para uno de los conciertos que él dirigía en la Gewandhaus, la antigua casa gremial de los pañeros de Leipzig. Los niños se volvieron locos de contento...

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Al penetrar en la sala, profusamente iluminada, rebosante de caballeros de frac y señoras lujosamente ataviadas, sintieron temor y encogimiento. Por ello, cuando se vieron conducidos a una fila apartada de butacas, experimentaron un grandísimo alivio...

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Acabado el concierto, ocurrió algo que dejó a los hermanos Strasser pálidos, sin voz y como clavados en sus butacas. El señor Pohlenz, en medio de un profundo silencio, se había puesto de pie para anunciar a la concurrencia que se encontraban en la sala cuatro niños extraordinarios, cuatro niños poseedores de las voces más bellas que él había oído en mucho tiempo...

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Terminó pidiendo a los pequeñuelos que deleitaran a Sus Majestades, el rey y la reina de Sajonia, allí presentes, y al auditorio, interpretando algunos aires tiroleses...

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Los niños, colorados como un tomate, salieron a escena. Estalló un aplauso unánime."Lo mejor será que cerremos los ojos y nos figuremos estar cantando en casa", dijo Amalia en voz baja a sus hermanos...
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
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Lo primero que cantaron fue Noche de Paz. Cuando terminaron, los oyentes, sobrecogidos y emocionados, guardaron silencio por unos momentos antes de romper a aplaudir. Los pequeños Strasser cantaron todas las canciones que sabían, y cuando agotaron su repertorio, volvieron a cantar Noche de Paz...