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Mejores mensajes de SANTA CRISTINA DE VALMADRIGAL:
A punto está ya de caer la ultima hoja del calendario.
Tengo para mí, la sensación, de que no veré caer la última del próximo.
Cada vez pesan más las cosas, sobre el cuerpo y sobre el alma.
Las fuerzas van mermando.
Antes se soportaban mejor los guantazos que la vida nos da; ahora, cosas antes pequeñas, encogen el alma.
Me rondan tiempo ha, sombras familiares que suelen avisarme de despedidas.
¿Y si esta despedida fuere la mía?
No me asusta la marcha, ni tengo prisa por iniciarla.
Cuando ... (ver texto completo)
LUCES, LUCES, todo luces, las que ponen para deslumbrarnos.
Caras sonrientes, poses buscadas, sonrisas de dentista, blancas, frías, finas.
Trajes de festejar, fotos para la familia, para engañar amigos, bolsillos vacíos, almas secas, como pellejos colgados a secar en un varal.
Tantos deseos buenos, deseados con palabras vacías, gastadas, tres frases hechas que no dicen nada. Nos espera un mañana impreciso, temeroso, oprimido, sin libertad de las palabras ni de las obras, abundantísima carne de ... (ver texto completo)
Quietos, quietos estén los cielos.
Quietos los suelos. Quietos.
Que nada rompa el silencio.
Despidiendo al amigo, lleno está el pueblo de jóvenes y viejos.
La campana gorda, tañendo está a duelo.
Las ondas que el bronce lanza al viento, lanzas son que atraviesan los corazones.
Ojos míos, ¡soltad dos lagrimones!
Tu presencia seguirá, Eduardo, por todos los rincones.
Con la vista nublada, alcé mi copa al cielo, por ti, que viviste tan poco tiempo, y vi un camino marcado con una jota, que llegaba ... (ver texto completo)
¡Que traiga el aire un son de campanas.
Campanas lanzadas al vuelo llamando a la fiesta.
Alegre y festivo. Con olor a forastero!
Mañana de la fiesta: con el sol despertando, subíamos por Gallegos el último carro de mies.
La hora fresca y el aire de fiesta.
En la mente una ilusión, en el corazón la esperanza de...
A misa de doce ya llaman alegres las campanas.
Agua fresca en las palanganas.
Ropa nueva. Olor de colonia. Prisas.
De dos en dos suben los machos valientes los peldaños, desafiando. ... (ver texto completo)
Temblando está un alba de primavera.
De un pliegue del tiempo cuelga una lágrima.
En la duermevela, ríe una campana.
Anteayer llegaron las golondrinas.
Yo las vi pasar en vuelo rasante. Raudas como saetas.
Debían llegar del viaje.
En el fresco de la mañana, ayer, volando en círculos sobe mí, con sus trinos me saludaban.
¡Golondrinas de ayer y de otras mañanas, siempre junto a mi alma!
El romero está azul de flores.
Quiero cortar una rama. ... (ver texto completo)
Por fin termina la escuela.

Nos ha dicho el maestro que para el lunes vayamos preparados para hacer limpieza de la clase, que la escuela ya ha terminado; los exámenes, bueno no les damos una excesiva importancia, (todos hemos aprovechado muy bien el curso, dijo muy serio el maestro) y por tanto las notas, (todos aprobados) pues no son cosa seria y menos para gente de nuestra edad (8-9) años). Para todos los chavales del pueblo, entre los 6 y los 14, la escuela es algo obligado y por tanto odiado. ... (ver texto completo)
Y los veo pasar caminando por la ciudad.
Figuras en blanco y negro.
Mujeres elegantes y hombres con sombrero.
Caminando decididos a sus negocios a sus casas o a otros sitios.
Con prisa parecen ir los más, tranquilos los menos.
Jóvenes, viejos, madres con niños en cochecitos y gentes de mediana edad.
¡Ay, la vida! Siempre es igual la vida, dura y puñetera.
Y se les fueron pasando los días. Y ellos y ellas se fueron.
Y nos dejaron sus cosas y nuestras vidas.
Y aunque parezcan tan diferentes, ... (ver texto completo)
Y llega Navidad. Ni fu, ni fa.
¿Qué vamos a celebrar: el nacimiento de un niño que fue Dios? ¿El fin del menguar de la luz de los días?
No sé, pero viendo como pasa la vida estos días, solamente celebraremos, los más, eso, que celebramos, y celebramos porque hay que hacerlo. Todos lo hacen, no vamos a ser menos.
Y comemos y bebemos, y brindamos y felicitamos y salimos y viajamos y… y somos tan felices
Huecos los hechos, vacías las palabas, nulos los deseos.
Los días cortos, los temores largos, ... (ver texto completo)
En el silencio de la tarde, mi alma está descansando.
Miro hacia el futuro repasando el pasado.
Los árboles se quedan pelados.
Las hojas de los robles lucen hermosos dorados.
Por la mañana, pintados están de blanco los campos y los tejados.
Amanece frio y blanco. Frio y blanco.
Desierto todo, como mi ánimo.
¡Ay, los amigos se me van marchando!
Frio y blanco, frio y blanco.
¿Hasta cuándo me estarán esperando? ... (ver texto completo)
Se ha echado a rodar un viejo sabor que añoro todos los años cuando el verano ha sido largo y pesado. Aquel sabor de fresco en la boca y la piel, húmedo y frío, que lleva en el aire la lluvia que se esconde entre los relámpagos de la tormenta que se anuncia en la negrura de la noche.
Otros veranos pasaron también largos y duros, y dejaron huellas en mi alma que no se han borrado con el paso de los años. Años que son casi un vida; una vida que es la mía, y también, las de otros muchos con los que ... (ver texto completo)
Esta mañana de agosto, fresca y limpia, me ha traído a la memoria otras tan parecidas que viví cuando la barba se insinuaba en mi cara.
14 de agosto: final de trilla obligado y a la llegada de la noche principio de la fiesta.
Corros de mozos por las esquinas. Mozas en grupos, cogidas del brazo paseando calle arriba.
Aires de fiesta bajo la luz amarillenta de las bombillas.
Dicen que después de cenar, habrá baile en el salón de Marina.
Ahora, con la barba blanca, que me afeito para disimularla, ... (ver texto completo)
Es la fiesta.
Tarde de agosto.
Diez y seis.
El pueblo está en la plaza.
Una nube negra y tres gotas de agua, pintan los colores del arco iris en el aire de la tarde que declina.
Tan poca es el agua, que la gente no se mueve.
Y esos colores sobre nube negra, hacen tétrica la fotografía.
El violín se callaba.
Sobre la plaza, un sabor de despedida flotaba.
Y en mi alma… ... (ver texto completo)
Muchas gracias rogelio. atanasio
Otoño. La tarde declina ya, y en los rastrojos del campo soriano, luce una luz de despedida, suave y tibia.
La carretera, llana y recta, espejea por el fondo de un valle de suaves laderas, blancas de pajas secas, con algún verde decorativo y escaso.
En la radio, va cantando la gente de Mocedades “quién quiere vender conmigo la paz de un niño dormido, la tarde sobre mi madre y el tiempo en que estoy queriendo…”
El coche circula soñando, solo, como quien conoce el camino de vuelta a casa. Para ... (ver texto completo)
Tarde de julio, larga, cálida, luminosa.
La noche se acerca apagando la luz dorada del horizonte.
Silencio en el campo.
Ni grillos, ni ranas, ni sapos cantan.
También han callado los pájaros.
Oscurece.
En el silencio caliente, de pronto, todo cambió.
El solista del coro de los grillos, sacó su violín, y su grigrí repetitivo ha inundado de vida el valle.
Noche de paz en el campo. Noche para soñar.