SILENCIO ABRUMADOR
Hubo un momento sublime, sin palabras; un espacio delicioso en el que se pudo olvidar la pesada sesión de oratorias y la homilía que, lamentablemente, este año fue un tanto sedante; le faltaba chispa y al orador estímulo y sangre caliente. Quizás fue ese instante, en el que participo nuestro “Maniqueo”, el que salvó de la rutina la celebración. Jamás fue tan enriquecedora la
música melancólica de aquella flauta al amparo de un suave tambor que abrió la
puerta a los sentidos
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