EL MOLINO QUE MURIÓ. Con un poco de imaginación se puede recomponer en forma virtual cómo era el viejo molino de Poveda a la vista de los restos del edificio que lo albergaba, indicio suficiente para evaluar su capacidad industrial en activo. La de los aliviaderos del desagüe que se observan en la foto de Manza, por otra parte, nos permite calcular por aproximación visual la cantidad de metros cúbicos de agua por segundo que por ellos se devolvían al cauce del río mientras realizaba su cometido energético. En tanto duró su actividad, obviamente supuso fuente de riqueza y de servicio, no ya sólo para Poveda sino también para los demás pueblos de la comarca que lo utilizaban frecuentemente. La pregunta que inmediatamente surge es la de que, de dónde salía esta cantidad más que considerable de agua necesaria para mover la pesadas muelas, y la respuesta no es otra que la que proporcionaba el mismo río povedano que jamás llegó a interrumpir su curso pese a las sequías de la época, mediante desvío de parte del mismo hacia la presa construída a tal fin a la vera de la edificio que ahora vemos derruído. Los formidables chopos y demás vegetación que crecían en sus orillas como agradable aliciente para la vista, el paseo y el paisaje, hoy ya no existen. Y las veces que la presa servía de piscina de verano, también. Consumatum est.