
Parece ser que tuvo origen
romano, si bien el nombre de
San Martín hace clara referencia a sus repobladores de origen francés.
Estela
romana
“Bolosea, hija de Brevio, vivió 70 años. Aquí yace. Séate la tierra leve. A su madre dedica este
monumento el centurión Reburrus, hijo de Tapor”. Así reza la estela romana que hay en la localidad, el más antiguo vestigio de San Martín, que aparece rematado en la parte superior con una luna creciente, símbolo de creencias paganas naturistas indígenas.
Cuando el
pueblo aumentó en población fue necesario ampliar la tierra laborable. Ello se hizo con un intenso trabajo y una mínima mecanización, dada la agreste topografía, por lo que la tierra no ha sido leve si no un duro trabajo. Y ello nos habla de gentes laboriosas y trabajadoras, pero también respetuosas porque han sabido conservar un entorno natural admirable, porque han sabido aplicar eso que ahora se llama desarrollo sostenible. Por ello no resulta extraño que el
castillo, que fuera cárcel para herejes y presos del obispo durante siglos, sea pronto el centro de recepción de la Reserva de la Biosfera Sierras de
Francia y Béjar, que no es más que el reconocimiento a nivel mundial, a través de la UNESCO, de esa fuerza que tiene la
naturaleza en estas tierras, de su uso respetuoso, casi religioso, y de las ricas manifestaciones culturales que han surgido de la relación de sus habitantes con ella y que hoy perviven, tal como ejemplifica
San Martín del Castañar, merecedor de una pausada visita para descubrir todos sus tesoros.