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SAN PEDRO DE MERIDA: ¡Si la juventud supiese. ¡Si la vejez pudiese...!

Sólo un exceso es recomendable
en el mundo:
el exceso de gratitud.

Aunque las mujeres no somos
buenas para el consejo,
algunas veces acertamos.

Cásate con un arqueólogo.
Cuanto más vieja te hagas,
más encantadora te encontrará.

El hombre llega novato a cada edad
de la vida; cada edad tiene
su aprendizaje.

El hombre, desde que nace
hasta que muere,
es una máquina de
romper juguetes.

El sufrir merece respeto, el someterse es despreciable.

Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos que hemos llegado.

¡Si la juventud supiese. ¡Si la vejez pudiese...!