
1- Romance. La Serrana de la Vera.
Allá en Garganta la Olla, por las tierras de la Vera,
se pasea la Serrana, bien calada su montera;
con la honda en la cintura, y terciada su escopeta.
Se ha encontrado a un pastorcillo, que jugaba a la rayuela
y la dice: Pastorcillo, bien remachan tus ovejas.
Remachen o no remachen,, qué cuidado le da a ella.
Pastorcito, pastorcito, ¿sabes tocar la vihuela?
Sí, señora; sí, señora, el rabel si usted me diera.
Le ha cogido por la mano, le lleva para su cueva.
No le lleva por caminos, ni tampoco por veredas.
Le lleva por unos montes, más espesos que la yerba.
Pastorcito, pastorcito, esta noche, rica cena,
de perdices y conejos, la pretina traigo llena.
En lo más alto del monte, le encontraron ya en la cueva.
Cuando entraron, la Serrana, le mandó cerrar la puerta;
y el pastor, como era diestro, la dejó un poco entreabierta.
Agarrado por la mano, le ha subido la escalera;
le mandó luego hacer lumbre, y al resplandor de la hoguera
ha visto un montón de huesos, y un montón de calaveras.
¿Cuyos son aquí estos huesos, y estas tantas calaveras?
De hombres que yo he matado, por esos montes y sierras,
como contigo he de hacer, cuando mi voluntad sea.
Pastorcito, pastorcito, toma y toca esa vihuela.
El pastor no se atrevía, y a tocar le obligó ella.
La serrana se durmió, al compás de la vihuela.
El pastor la vio dormida, y se echó de puerta afuera.
La serrana despertó, aullando como una fiera
y saltando como corza, le siguió un cuarto de legua.
Pastorcito, pastorcito, que la cayada te dejas,
Mucho palo hay en el monte, para hacer otra más nueva.
Pastorcito, pastorcito, que te dejas la montera.
Mucho paño hay en mi pueblo, para hacer otra más buena.
Pastorcito, pastorcito, que te dejas una oveja.
Aunque cien mil me dejara, a por ellas no volviera.
Con la honda, la serrana, tiró al pastor una piedra,
que si no es por una encina, le derriba la cabeza.
Anda, le dice, villano, que me dejas descubierta;
que mi padre era pastor, y mi madre fue una yegua;
que mi padre comía pan, y mi madre pacía yerba.
Allá en Garganta la Olla, por las tierras de la Vera,
se pasea la Serrana, bien calada su montera;
con la honda en la cintura, y terciada su escopeta.
Se ha encontrado a un pastorcillo, que jugaba a la rayuela
y la dice: Pastorcillo, bien remachan tus ovejas.
Remachen o no remachen,, qué cuidado le da a ella.
Pastorcito, pastorcito, ¿sabes tocar la vihuela?
Sí, señora; sí, señora, el rabel si usted me diera.
Le ha cogido por la mano, le lleva para su cueva.
No le lleva por caminos, ni tampoco por veredas.
Le lleva por unos montes, más espesos que la yerba.
Pastorcito, pastorcito, esta noche, rica cena,
de perdices y conejos, la pretina traigo llena.
En lo más alto del monte, le encontraron ya en la cueva.
Cuando entraron, la Serrana, le mandó cerrar la puerta;
y el pastor, como era diestro, la dejó un poco entreabierta.
Agarrado por la mano, le ha subido la escalera;
le mandó luego hacer lumbre, y al resplandor de la hoguera
ha visto un montón de huesos, y un montón de calaveras.
¿Cuyos son aquí estos huesos, y estas tantas calaveras?
De hombres que yo he matado, por esos montes y sierras,
como contigo he de hacer, cuando mi voluntad sea.
Pastorcito, pastorcito, toma y toca esa vihuela.
El pastor no se atrevía, y a tocar le obligó ella.
La serrana se durmió, al compás de la vihuela.
El pastor la vio dormida, y se echó de puerta afuera.
La serrana despertó, aullando como una fiera
y saltando como corza, le siguió un cuarto de legua.
Pastorcito, pastorcito, que la cayada te dejas,
Mucho palo hay en el monte, para hacer otra más nueva.
Pastorcito, pastorcito, que te dejas la montera.
Mucho paño hay en mi pueblo, para hacer otra más buena.
Pastorcito, pastorcito, que te dejas una oveja.
Aunque cien mil me dejara, a por ellas no volviera.
Con la honda, la serrana, tiró al pastor una piedra,
que si no es por una encina, le derriba la cabeza.
Anda, le dice, villano, que me dejas descubierta;
que mi padre era pastor, y mi madre fue una yegua;
que mi padre comía pan, y mi madre pacía yerba.